Con todos sus defectos, la democracia es –por lejos- el mejor sistema de gobierno que conocemos.  Podríamos decir que es el único posible, en el cual el respeto a las libertades y los derechos fundamentales es funcional al esquema de participación y discusión política.  Y es por ello por lo que la juventud tiene un papel central que cumplir, adaptando el sistema democrático a los desafíos del Siglo XXI.

 Las Américas sigue siendo la región que tiene el grupo de democracias más grande en el mundo.  A excepción de Cuba y Venezuela, es un Hemisferio de casi mil millones de habitantes que viven bajo sistemas democráticos.

 En esos mil millones la democracia en la región, paradójicamente, cada vez cuenta con menor apoyo ciudadano.  Los estudios de opinión pública señalan el descontento de la gente con el sistema democrático, porque no es capaz de ofrecer soluciones a sus demandas.

 Ello no impide que muchos jóvenes se sientan atraídos por la actividad política.  Pero, como los que ya no somos tan jóvenes, es probable que sientan muchos casos frustraciones ante la evidente incapacidad de las instituciones para enfrentar los problemas, las necesidades, los requerimientos de nuestros tiempos. 

 Pero ustedes son ciudadanos empoderados del siglo XXI.  No se conformen con las instituciones del siglo XIX, que construyeron nuestros antepasados, sobre la base de tecnología del XV, como por ejemplo la imprenta.

 La consigna, entonces, es clara.  El trabajo de ustedes, de la juventud es empoderarse, es transformar las dinámicas de denuncia, de participación, de decisión y de eficiencia que son necesarias para fortalecer las variables de funcionamiento democrático:

  • Deben estar guiados, en primera instancia, por un deseo de hacer las cosas de manera diferente, considerando a la gente primero.  No el poder, no el funcionamiento de congresos, o de municipios o de alcaldías o de gobernaciones.  Es considerando la gente primero lo que es la ciudadanía, lo que es el ciudadano, el puesto más importante en la política
  • Fortalecidos, como nunca ustedes, por las tecnologías y herramientas de comunicación que forman parte de su ADN, forma parte del ADN de ustedes los más jóvenes.

Cuando yo entré a trabajar en el Ministerio de Relaciones Exteriores año 1987 -en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Uruguay- no había una sola computadora en mi oficina, teníamos con suerte tres máquinas de escribir eléctricas, lo cual era una enorme contrariedad porque cada vez que había que corregir algo, había que hacer toda la página de nuevo.  Una cosa terrible y horrorosa, en cambio, ustedes han nacido con el instrumental tecnológico en la mano. 

Ø Pero deben cobijar los principios y valores democráticos con ese instrumental tecnológico. 

Con el corazón, la cabeza, sepan permitirse jugar a idear nuevos prototipos de democracia superadora.  Y no tengan miedo de probar y mucho menos de equivocarse porque van a encontrar aliados en el camino.

La democracia se alimenta de la colaboración y se alimenta de la solidaridad.  Nunca dejen de aprender de quien tienen al lado, nunca dejen de aprender tampoco de lo que pasa en el mundo, pero sobre todo de las personas que lo componen y a las cuales nos debemos como servidores públicos.

Cada ciudadano en definitiva tiene que retroalimentar ese funcionamiento del sistema.

El principio rector de nuestras acciones en la OEA se sintetiza en “más derechos para más gente”.  Porque el acceso a derechos—en otras palabras, la lucha contra la exclusión–es el desafío transgeneracional para nuestra región, que tiene el deshonor de ser la más desigual del mundo

En democracia, no debe haber cabida para gobiernos que sirvan los intereses de una minoría, en los que prolifera el abuso de poder, la corrupción y la injusticia.

Cada vez más, los gobiernos son criticados y son disfuncionales porque no defienden los intereses de la mayoría.  Según el Latinobarómetro 2017, el 75 por ciento de los latinoamericanos perciben que se gobierna para unos pocos.  Este indicador alcanza el nivel más preocupante desde que se tiene registro, e impacta directamente en las percepciones respecto al estado de la democracia.

Latinobarómetro alertó el año pasado que los niveles de satisfacción con la democracia estaban ya en el nivel más bajo registrado en los últimos quince años, con un promedio regional de 30 por ciento en 2017.  Esta caída por cuarto año consecutivo se debe a factores políticos, no a factores económicos, en una región que tendría el menor nivel de satisfacción con la democracia como sistema a nivel mundial.

Cabe resaltar un caso que nos duele particularmente: en Venezuela en medio de una crisis política y humanitaria sin precedentes, los venezolanos entienden la democracia con una óptica propia.  En este país de ustedes, mío, de todo, la satisfacción con la democracia cayó de 24 por ciento a 13 por ciento entre 2016 y 2017—una diferencia de 17 puntos debajo del promedio regional. 

Un régimen que abusa de la ciudadanía, de los derechos del pueblo, de su incapacidad para gobernar trasladada a una crisis humanitaria que ha generado una crisis auto infringida.

Les ha robado el futuro a generaciones de venezolanas y venezolanos, ha llevado al país a una situación catastrófica. 

La triste realidad venezolana debería ser recordatorio del papel vital que la juventud ha de jugar con la restauración, como sucedió el año pasado, como sucedió en el 2014.

Pero la juventud no es carne de cañón, la juventud no es carne de sacrificio; la juventud es idea, es 
fuerza, es proyecto, es propuesta.  La juventud es conclusión y es futuro.  La juventud no debe ser asesinada en las calles, como ocurrió con el régimen dictatorial que mató a 130 personas en las manifestaciones del año pasado, pero que lleva escalofriantes de ejecuciones extrajudiciales por arriba de 16.000 en este período de tiempo, que lleva un índice de violencia como el que no existe en otra parte del mundo, con el agravante de la falta de derechos de la gente

En ninguna parte del mundo, obviamente, existe una democracia perfecta.  Pero ello no implica que no debamos aspirar a ella de la misma forma que la utopía nos ayuda a mantener la vista en un horizonte, un norte común, y continuar caminando a paso firme hacia el futuro que deseamos. 

Rafael hacía referencia a algo que se decía en Chile, recuerdo otra cosa que decían los chilenos cuando estaban luchando decían: “Chile no se rinde carajo, Viva Chile carajo”.  Venezuela no se rinde carajo, viva Venezuela, carajo!.

Luchar parece difícil, luchar es el camino más duro, pero luchen con lo que tengan, con las armas que tengan, pero el arma fundamental en la lucha es la inteligencia y encontrar donde apoyar y donde lograr los golpes exactos para eso.

No puede haber margen de maniobra y margen de error, no puede haber la disfuncionalidad de que el liderazgo político se desprenda de los deseos de la gente, nunca puede ser admitido eso y ustedes tienen que ser siempre fuertes, coherentes, consistentes a la hora de denunciar.

Estamos construyendo el futuro, en cada denuncia, en cada pedido de justicia, en la presentación de las realidades institucionales que Venezuela necesita para salir adelante y la construcción de justicia es el elemento esencial.

Por eso el apoyo al antejuicio que ha promovido el Tribunal Supremo de Justicia en el exilio es esencial para el futuro de Venezuela.

Venezuela necesita a quienes hayan violado los derechos humanos, en la cárcel.  Venezuela necesita que los que han cometido crímenes de lesa humanidad, vayan a la cárcel porque no hay democracia sin justicia, entonces vamos por el camino de la justicia pero reforzando cada una de las variables internacionales que nos pueden llevar a dar el golpe al Gobierno.  Desmantelar el régimen, no solamente dictatorial sino criminal, construir un futuro a partir de ello.

En cada una de las revoluciones de la historia, siempre han sido los jóvenes quienes han estado en la vanguardia y marcado el camino.  Ustedes tienen que seguir ese camino, siempre estar a la vanguardia, pero no tienen que soltarla nunca, no pueden cometer los mismos errores del 2014 o 2016 donde soltaron la vanguardia para dársela al aparato político.  No, los jóvenes tienen que seguir a la vanguardia todo el camino.

Tienen los instrumentos, tienen el conocimiento, tienen las capacidades que les dan la revolución digital.  Sepan contribuir a eliminar el ruido del debate público, y a rescatar la sustancia en los modelos modernos de democracia y deliberación.

Cuando la realidad se traduce en datos, y los datos evolucionan para convertirse en conocimiento, nos armamos de las herramientas necesarias para tomar decisiones informadas y desarrollar políticas adecuadas.

Cuando, en cambio, nos perdemos en un “reality show” -o la democracia se convierte en un show- perdemos de vista los asuntos que importan para la sociedad. 

Los riesgos hacen imperativo diseñar un sistema que amplifique los diálogos incluyentes e informados por capacidades políticas claras de construir derechos para más gente.  Es decir, trabajar juntos para que la tecnología haga funcionar a la democracia. 

Recuerden siempre que se paran sobre los hombros de generaciones de hombres y mujeres que lucharon por hacer de la democracia y los derechos un valor inalienable. 

Gracias al sacrificio y el compromiso de múltiples generaciones, tenemos la democracia incorporada en nuestro funcionamiento mental, tenemos la democracia incorporada en nuestro funcionamiento físico, pero sería, como lo demuestra el caso de Venezuela, darla por sentada, darla por garantida o darla por recuperada con proyectos mesiánicos.  No, hay que trabajarla, hay que cobrarla, hay que lucharla.

Debemos ser muy consecuentes con los mandatos de la democracia.  Los representantes de los Estados Miembros han construido un ejemplar paradigma de sistema jurídico de defensa de la democracia.  No debemos tener nunca miedo a la aplicación de este. 

  • Ø El “respeto a los derechos humanos y libertades fundamentales;
  • el acceso al poder y su ejercicio con sujeción al Estado de derecho;
  • la celebración de elecciones periódicas, libres, justas y basadas en el sufragio universal y secreto[…];
  • el régimen plural de partidos y organizaciones políticas;
  • y la separación e independencia de los poderes públicos”.

Amigas y amigos, me siento honrado por el premio, me siento honrado de estar aquí.

Muchas gracias.
– Luis Almagro – 21-4-2018