Exodo.  Ciudadanos venezolanos esperan un ómnibus para llegar a la ciudad fronteriza de Cúcuta, en Colombia (EFE)

Opinión
Nunca antes Sudamérica había debido enfrentar un problema similar a la fuga de venezolanos de su país.  Se requieren medidas concretas de la región.

El colapso de Venezuela enfrenta a América del Sur a una crisis de proporciones hasta ahora desconocida.  Resolver esta urgente cuestión humanitaria va a costar bastante.  Nunca antes la región había enfrentado un panorama de características similares a los de Siria, Ruanda, Kosovo o Bosnia, que le permitía afrontar esas tragedias con votos o enunciados de conceptos abstractos en Naciones Unidas.

El problema ya está entre nosotros con impactos directos y no basta con declaraciones de principios ni pronunciamientos en la Organización de Estados Americanos (OEA).  La región, en cambio, tendrá que adoptar una variedad de medidas concretas con efectos políticos y financieros diversos.  También el reto complicado de acoger a una multitud de migrantes y enfrentar, además, el agravante del riesgo de un desborde sanitario regional.  Ya Venezuela enfrenta ese problema de sanidad donde enfermedades erradicadas como el polio, el sarampión y la malaria han vuelto.  Ninguna de esas epidemias conoce fronteras.

Un informe de Naciones Unidas indica que 2,3 millones de venezolanos han abandonado su país.  También señala que el éxodo no se detiene.  Las últimas medidas económicas y políticas del régimen de Nicolás Maduro preanuncian que la fuga de venezolanos se agravará aún más.  Es probable que esa corriente, que ha sido del 10 % anual, llegue a cifras comparables a los casos internacionales más dramáticos.  Lo más complicado de la avalancha de venezolanos será la absorción de refugiados adicionales que saldrá del país.  Y, en este sentido, ningún país de América del Sur debería desconocer el alcance de la Declaración de Cartagena de 1984 donde se obliga a reconocer los derechos de las Naciones Unidas para los refugiados y propone nuevos enfoques para sus necesidades humanitarias y las de los desplazados con un espíritu de solidaridad y de cooperación.  En el 2014 en Brasilia se acordó además una Hoja de Ruta Común para, entre otras cuestiones, promover soluciones sostenibles ante estas tragedias.

Las crisis migratorias y humanitarias nunca son fenómenos aislados.  Consecuentemente, el problema no es de fácil solución y requiere de una respuesta de asistencia cooperativa conjunta de todos los países de la región y de los organismos internacionales especializados.  Los efectos obligan a soluciones diplomáticas regionales y el acompañamiento de potencias extracontinentales.  También es importante reconocer que sólo la estabilidad democrática en Venezuela producirá estabilidad económica y social que evite y detenga el desborde que representa la salida masiva de venezolanos.  Es evidente que Caracas debería finalmente entender que la situación que ha generado con la ruptura del orden democrático ha llegado a un punto terminal.

Roberto García Moritán (exvicecanciller argentino)

 

Fuente: https://www.clarin.com/mundo/debacle-venezuela-crisis-humanitaria-inedita_0_SyvpMnxPQ.html