¡Por Dios, por Venezuela y su gente! No sigamos atacándonos entre nosotros mismos. Estamos frente a una lucha contra un terrible enemigo, que si bien está herido por lo mismo se ha vuelto más feroz.
Unidos, muy bien unidos, fraternalmente unidos quienes creemos en la libertad debemos librarnos de esta desgracia al menor costo posible de sufrimiento y muertes. Particularmente con nuestros hermanos militares, la mayoría de ellos que comparten nuestra devoción a la libertad.

¡La Unión! ¡EN LA UNIÓN ESTÁ NUESTRA SALVACIÓN!

¡Que Dios Nuestro Señor y nuestra Virgen de Coromoto nos salven de esta maldición!

Armando Azpúrua – Profesor Jubilado de la Universidad Central de Venezuela
Enviado por: Jesús Hung <[email protected]>
El viernes, 16 de diciembre, 2016 11:20:12, “Jesus Hung [email protected] [militaresprofesionalesvenezuela]” <[email protected]> escribió:
Jesus Hung [email protected] [militaresprofesionalesvenezuela]
Señor Pedro Pablo Aguilar, todo eso acontece y se permite impunemente en esta ex-país, porque Fidel Castro, muy inteligente y ladinamente, instruyó al cadáver insepulto de La Planicie y al masburro ilegítimo que detenta el poder del gobierno, para que corrompiera a los jefes de la Fuerza Armada Nacional, mediante el grosero y sinvergüenza llenado de sus bolsillos (dádivas, aumentos, ascensos inmerecidos y negocios) y las manos libres para manejar el narcotráfico a su antojo, garantizándoles que ningún juez o fiscal (ni la AN) se atrevería a tocarlos ni con el pétalo de una rosa.
“No dejes que el ruido de las opiniones de otros apague tu propia voz interior. Recordar que vas a morir es la mejor forma que conozco de evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder. Steve Jobs”

Informe político – Pedro Pablo Aguilar –14/12/2016
Para un demócrata es doloroso apreciar el evidente deterioro de la oposición, en concreto de la Mesa de Unidad Democrática. Hace justamente un Año la MUD era idolatrada por la inmensa mayoría del país. Después de 12 años había conquistado el más importante organismo del poder público, el facultado para exigir y hacer cumplir la Constitución, el que velaría por una correcta administración de los fondos públicos, de las garantías ciudadanas, de los derechos humanos. El facultado para exigir que el presidente de la República hiciera honor a la majestad de su cargo y no siguiera actuando como un vulgar tirapiedras contra todo aquel que no hincaba la rodilla para satisfacer su ego enfermizo.

Ese fervor creció cuando la MUD planteó la necesidad de un referendo con fuerza para revocar el mandato que había recibido Maduro, por haber incurrido en violación de la Constitución y los venezolanos pensaron que las navidades de ese año se convertirían en un gran festejo nacional por la inminente salida del presidente en virtud de que se habían cumplido no solo los requisitos legales sino las trabas del Consejo Electoral en cuanto al procedimiento del revocatorio.

¿Qué pasó para un cambio tan abrupto a mediados de este año? Es penosa la hipótesis de que fueron unos oscuros jueces de parroquia, sin competencia en materia electoral, los que destruyeron la esperanza del revocatorio cuando era cuestión de días el cumplimiento de todos los requisitos legales o falsos que planteaba el CNE.

La desesperanza y el pesimismo se convirtieron en el signo predominante.

Gracias a Dios la inmensa mayoría de los venezolanos son fervorosos católicos y se dedicaron a pedirle a Dios que se acordara de Venezuela y Dios se hiso presente en el mensaje del Santo Padre pidiendo al gobierno que dialogara con la oposición para encontrar una salida consensuada de la grave crisis nacional. El ánimo volvió a los millones que habían perdido esperanzas, y con el ánimo el propósito de exigir desde la calle que el gobierno atendiera las exigencias, que ya no eran solo de la Santa Sede sino de toda la comunidad internacional.

Y se produjo aquel testimonio insospechable de los millones de venezolanos que se lanzaron a la calle para exigir que se atendiera el reclamo de la oposición, de ese modo el régimen tuvo que aceptar las condiciones exigidas por la Santa Sede y en presencia de tres ex presidentes hispano americanos, actuando como mediadores, se definieron las bases del acuerdo posible: libertad de los presos políticos, respeto a las funciones del poder legislativo y a la majestad del Ejecutivo y compromiso de apoyo de la oposición a las medidas que tomaría el gobierno para atender las urgencias de alimentos y medicinas que debían.

Para asombro colectivo, el régimen como si fuese una partida de dominó, trancó el juego. Revocatorio y elecciones de gobernadores para los años 17 y 18, con el mismo Consejo Electoral controlado por el régimen, con un Tribunal Supremo suspendiendo en la práctica las funciones del parlamento.

Estos son los hechos y obligados como estamos a preservar la confianza que han logrado nuestros informes no podemos ocultarlos, con la esperanza si de que nuestras aprehensiones no sean válidas y no se desperdicie el abundante material que el régimen está dando para el ejercicio de las funciones que corresponden a la oposición, y en términos más propios, a la Asamblea Legislativa.

Por ejemplo, las medidas tomadas por Maduro sobre los billetes de 100 bolívares tienen a la gente loca. El Banco Central anuncia que están listos los billetes de mil, diez mil y cien mil y da un plazo para recoger los de 100. Millones de personas se presentan a los Bancos solicitando el cambio de sus billetes y lógicamente las colas son de kilómetros frente a todas las oficinas. Pero pasadas algunas horas los funcionarios del banco informan que se han recalentado los equipos y es necesario suspender los cambios. A ello se agrega que los bancos estadales no han recibido los nuevos billetes y los cajeros de los bancos solo emiten billetes de 100.

En el país hay millones de pobres que compran lo que van a consumir en el día, a lo más dos o tres días. Esos millones de personas pasan días sin comer, tomando agua o mendrugos que rescatan de la basura de los restaurants.

En la medida que va mejorando el cambio de billetes la gente empieza a darse cuenta del efecto de las medidas oficiales.

Venezuela tiene la inflación más alta del mundo y la de ahora requiere una nueva denominación que puedan dar los economistas.

En otro aspecto aparece la realidad de que hay millones que no tienen billetes que cambiar. Son los millones de desempleados, los campesinos y los habitantes de los barrios que subsisten en la mayor pobreza. Son también millones. El asunto cobra aspectos muy dramáticos. Las iglesias, organizaciones civiles y algunos empresarios organizan mecanismos de socorro pues el gobierno solo se ocupa de suministrar bolsas de comida a los militantes del PSUV.

Los corresponsales de la prensa extranjera informan de la situación y se preguntan cómo es posible que esto ocurra en el país que tiene las mayores reservas de petróleo y cuyo presidente declara que gracias a sus gestiones en la reunión de la OPEP los precios alcanzan ya los sesenta dólares por barril y que han desaparecido los problemas para satisfacer las demandas del gasto público.

Pedro Pablo Aguilar