GRACIAS HIJOS. NO SERÁN OLVIDADOS

Estamos al comienzo del fin. No haremos borrón y cuenta nueva. Renaceremos de nuestras ruinas como la Europa tras el horror del Nazismo y el Holocausto. Y pagarán su culpa los traidores. Seremos una nueva República de la que todos sus hijos puedan sentirse orgullosos. Es nuestro compromiso de honor con nuestros caídos. O no mereceremos el nombre de venezolanos.

A Armando Cañizales y todos nuestros muchachos caídos en combate.

No me avergüenzan las lágrimas de emoción con que me recibe este duro amanecer: el día comienza con la noticia de que otro joven ha caído ante las balas de los mercenarios, pero que todo el equipo médico y trabajadores de la Clínica Metropolitana han recibido a nuestro amado joven anónimo envuelto en llamas en medio de la lucha por la libertad, lo han pasado de inmediato a terapia intensiva para salvarle la vida y le han puesto a su orden la Clínica Metropolitana con todos sus gastos resueltos. A quienes dan sus vidas por nuestra libertad debe ponérseles el país a sus pies.

Son las dos caras de una misma moneda: caen nuestros hijos heridos o asesinados a mansalva, pero la lucha continúa. Me emocionan el sacrificio y la generosidad con que nuestros hijos y nietos han comenzado a urdir la bandera de la nueva Venezuela. Sin otro interés que su amor por la Libertad y el generoso afán de fraguar la Patria futura. Mientras sus asesinos proceden con la ferocidad y la sevicia de los mercenarios, dirigidos por oficiales dispuestos a arrastrarse ante los tiranos cubanos – como esos generales rastreros, corruptos, ambiciosos y arribistas, que han llegado al extremo de revolcarse en el estercolero del pasado y no contentos con postrarse ante la tiranía cubana lo hacen ahora ante la que hasta ayer fuera la tiranía soviética.

GRACIAS HIJOS. NO SERÁN OLVIDADOS

Pues dos Venezuela han comenzado a trenzarse en una lucha desigual y sin cuartel: la que muere hundiéndose en las cloacas del pasado, corrompida, armada hasta los dientes, cobarde, aviesa, mentirosa, maleante, narcotraficante, terrorista, desvergonzada y criminal, en manos de las pandillas del deshonor de Vladimir Padrino, Nicolás Maduro, Cilia Flores, Diosdado Cabello, El Aissami y sus facinerosos,  y la que ya amanece en esa voluntad inquebrantable de luchar metro a metro y puerta a puerta por reconstruir la dignidad de esa Patria que nos legaran nuestros mayores.

 Todos los esfuerzos por hacerlas compatibles, induciéndonos a revolcarnos en un mismo lodo, han fracasado. No por la falta de voluntad de quienes aún no advierten que la historia ha comenzado a dar sus campanadas finales – como cuando el Decreto de Guerra a Muerte, que sólo podía terminar en el aplastamiento de las fuerzas imperiales que nos encadenaban – sino porque el curso de la historia es implacable: un río caudaloso que no acepta tajamares. Lo arrasa todo. Para apartar con la fuerza del espíritu todo lo caduco, lo viejo, lo podrido y descompuesto, para abrirle paso a las nuevas fuerzas que pujan por reparación moral, por rectitud, por grandeza. Venezuela no nació del sacrificio de medio millón de almas, la mitad de su población, para vararse dos siglos después a la vera de un colombiano agente de la tiranía cubana. Aún no ha nacido el pueblo capaz de doblegarnos.

 Llueve y escampa, decía uno de los magistrados del pasado traicionado por quienes hoy detentan la fuerza de las armas. Que abarca esa galería de alta traición que va de Hugo Chávez, Arias Cárdenas y sus comandantes felones a Vladimir Padrino, Néstor Reverol, el estado mayor y los esbirros uniformados de la guardia nacional encargados del trabajo sucio, mientras sus jefes se enriquecen. Reforzados con asesinos cubanos. Que saldrán de nuestro territorio liberado muertos o encadenados. Exactamente como en 1968.

 Llueve y escampa. Y luego amanece. En medio el dolor inmenso que estamos padeciendo se está fraguando un nuevo espíritu colectivo, una nueva nacionalidad. Está naciendo una Nueva Venezuela. Un maravilloso espíritu de cuerpo se asoma. Los que han resistido están sentando las bases de la futura democracia. En las calles se están educando los futuros soldados y oficiales de nuestra futura FUERZA ARMADA NACIONAL. Aquellos que han traicionado su juramento y se han sumado al carnaval de la traición merecen ser expulsados de la que fuera nuestra honrosa institución armada. Los que han callado y han carecido del amor patrio como para haberse rebelado, no merecen seguir un día más a cargo de las armas y las enseñas de la República.

 Estamos al comienzo del fin. No haremos borrón y cuenta nueva. Como la Europa tras el horror del nacional socialismo y el Holocausto, renaceremos de nuestras ruinas. Y seremos una nueva República de la que todos sus hijos puedan sentirse orgullosos. Es nuestro compromiso de honor con nuestros caídos. Créanlo.

Antonio Sánchez García – @sangarccs

http://www.lalinternaazul.com/single-post/2017/05/06/Gracias-hijos-No-ser%C3%A1n-olvidados

– Antonio Sánchez García – 20-5-2017