Armando Azpúrua, Absalón Méndez y Gonzalo Merino Valery – 22-4-2017

No estoy de acuerdo con la opinión de los dos autores que me preceden en este triple manifiesto sobre un tema actualmente tan crítico.

Al Militar Venezolano hoy se le juzga, no por lo que ha hecho, sino por lo que ha dejado y está dejando de hacer. Permanecer encuartelado, pero manifestando públicamente lealtad absoluta al usurpador de la Presidencia de la República, mientras en la calle a diario una tal Guardia Nacional Bolivariana, junto con pandillas delincuenciales bien armadas por las FF. AA. nacionales, matan a venezolanos totalmente desarmados haciendo uso de armas de fuego y sustancias químicas prohibidas por la Constitución y por el más elemental derecho humano, como lo es la vida, es digno del repudio de toda persona de bien pensar.

Se le da al militar el monopolio de las armas de guerra para que nos defienda de los enemigos externos e internos, no para que se enriquezca sin límite ni moderación. El militar de verdad jura a la bandera su lealtad a la nación, no al que detenta el poder en ese momento. No solo son culpables los que matan a personas desarmadas y a los que lo ordenan, sino también al que no protesta, al que no opone y se insurrecciona, si es necesario, ante todos los delitos de lesa patria que ocurren abierta e impunemente a diario en nuestra patria.

Los actuales militares venezolanos, activos y en la reserva activa, tienen la oportunidad de recuperar su prestigio y el del antes glorioso Ejército Libertador si se manifiestan y se “alzan”, como decimos en Venezuela, y someten y encarcelan al alto mando militar y los demás oficiales que incurren en estos vicios repudiables. Aunque es posible que sean sancionados y encarcelados por el intento, no es correcto esperar más mientras a diario estén matando cientos de seres humanos en las calles por la represión, por la delincuencia, o por la falta de atención a la salud.

El militar patriota, que se alce o que abandone su rango, el país y su ciudadanía.

Si los oficiales dignos de ser soldados de la patria son una mayoría, no pueden dejarse intimidar. Si son una minoría. deserten y únanse a nuestra lucha civil de resistencia y protesta no violenta, que nosotros sí somos mayoría entre todos los ciudadanos.

Cualquiera que sea la verdadera situación entre los militares, los ciudadanos nos vamos a recuperar lo que nos corresponde como Poder Originario, como Poder Supremo de la República de Venezuela. Si es con los militares, recuperarán ellos y la Institución el prestigio y el amor del pueblo que se merecen. Si es en contra, destruiremos todo vestigio de poder militar en Venezuela, confiando en nuestra fuerza cívica para defender a la Patria y nuestro amor y culto cívico exclusivamente para El Libertador.

Armando Azpurua, Profesor Jubilado de la Universidad Central de Venezuela

EN DEFENSA DE LA PROFESIÓN MILITAR VENEZOLANA.

Nos parece muy positiva y alentadora esta reflexión de este militar de profesión, sobre lo que significa un militar de carrera, formación y profesión, algo muy distinto a los mercenarios que el mal gobierno de Chávez y Maduro, por instrucciones de Fidel Castro, encontró en el camino y los puso a comer en la mano de la riqueza nacional. Todo militar, activo o retirado, debería tomar en cuenta las recomendaciones de este militar que defiende su carrera y su honor, posiblemente, llegue a algunos cerebros y los haga reflexionar. El monopolio del uso de las armas no es para que dichas armas asesinen a los miembros de la sociedad a la que pertenecen y le tendió la cama para su desarrollo profesional.

Absalón Méndez


EN DEFENSA DE LA PROFESIÓN MILITAR VENEZOLANA.

Me atrevo a tratar este tema debido a las críticas desconsideradas y generalizadas en contra de la Profesión Militar venezolana, no sólo achacándola de ser responsable de la situación de caos que vive nuestra sufrida Nación, sino de calificar de ineptos a quienes han elegido esta vocación.

Creo que es hora, de quienes sabemos por “vocación” la realidad histórica de lo sucedido, señalar las verdaderas causas que fundamentan las críticas a los integrantes de nuestra Fuerza Armada Nacional (FAN).

No voy a referirme al proceso político que llevó a Chávez a la Presidencia de Venezuela en 1998 con la asesoría del régimen comunista cubano, sumando a ello la vulnerabilidad de nuestras instituciones democráticas de la época, ya que ello requeriría un análisis aparte. Sin embargo, es necesario hacer hincapié como la obsesionada intención geopolítica regional del castrocomunismo, liderada por Fidel Castro, se valió de la ambición de Poder de Chávez para aprovechar su idiosincrasia seductora que fundamentaba su carisma y sumarlo a esta empresa como su operador político y apoyo financiero petrolero. Ello requería la permanencia de Chávez y su organización política en el Poder, en el marco de una aparente democracia para evitar la crítica internacional.

El marco constitucional renovado durante el régimen de Chávez en 1999, comprometió estas intenciones de permanencia socialista por lo que intentó una inconstitucional “Reforma a la Carta Magna” en el 2007 que fue rechazada por el pueblo soberano. A pesar de ello continuó su violación respaldado por el “militarismo”.

Este proyecto político de permanencia autoritaria “militarista” requería fundamentalmente de dos Objetivos de Control directo por parte de la Presidencia: La Industria Petrolera y la Fuerza Armada Nacional (FAN).

Lo primero lo logró luego de los cruentos sucesos del año 2002 apropiándose de la Dirección de PDVSA. La subordinación de la FAN a sus caprichos políticos requirió primero chantajear la codicia de algunos militares quienes traicionaron su lealtad profesional a través de la corrupción, ascensos y cargos que les valió ser designados al Mando militar para lograr propósitos “militaristas” (fanb); es así como los involucra con la burocracia del Estado y con organizaciones civiles activistas partidistas del régimen, que con el tiempo sumaron a una pretendida organización “cívico-militar” a través de la cual intentar imponer a la sociedad civil el chantaje populista socialista revolucionario que le permitiera electoralmente mantenerse en el Poder.

El recuento anterior me permite argumentar lo expresado en el Título, bajo cuatro aspectos:

1.- La Constitución representa nuestra Ley Fundamental y conforma el basamento legal de la República sobre el cual se establece la organización y funcionamiento del Estado. El rechazo de la inconstitucional “Reforma a nuestra Carta Magna” en el año 2007, tuvo como reacción del régimen castrochavista su desconocimiento soberano y bajo un centralismo autoritario del Poder imponer el contenido de esa Reforma impugnada.

2.- El “militarismo” se alimenta de esta intención autoritaria lo que constituye una flagrante violación a la necesaria independencia política partidista de la FAN exigida por la Constitución. Involucrar a los militares en el activismo político partidista los definen como “militaristas”, desplazando su Misión Constitucional para someterse al servicio de un Partido Político. Quienes apoyen a esta intención traicionando su vocación y profesionalismo militar, ya no son institucionalmente integrantes de la FAN sino pasan a formar parte de una organización paramilitar (“fanb”).

3.- La vocación militar es la aspiración espiritual de una persona por pertenecer a un servicio o actividad como medio de vida. Cuando nos decidimos a ello nos comprometemos a acatar los requisitos exigidos para ingresar a esa empresa. Para ingresar como militar activo a la FAN debemos sacrificar derechos constitucionales para dedicarnos a cumplir con la Misión que nos impone la Constitución. Al graduarnos juramos ante Dios y la Bandera Nacional cumplir con ello. Cuando la codicia por el Poder nos desvía de la Institucionalidad para involucrarnos con el “militarismo” ya no formamos parte de la FAN sino pasamos a la “fanb”.

4.- La profesión militar no es una profesión degradada intelectualmente, sino que su formación exige, además de su ocupación exclusiva y permanente al servicio de la Nación, una preparación intelectual y física adaptada al dominio de la actividad bélica en todas sus formas y espacios, lo cual obliga un nivel de liderazgo que garantice disciplinadamente la necesaria secuencia operacional para el logro del cumplimiento de su obligación constitucional.

Intentar gerenciar una organización pública desde conceptos militares nunca podrá tener efectos positivos. La situación en el marco público tiene soluciones públicas que obedecen a circunstancias diferentes que la sociedad ha estudiado y programado para producir los beneficios que se proponen.
Cuando la crítica se refiera a resultados de la administración “militarista” del Estado ello no deberá estar dirigido a degradar a la PROFESIÓN MILITAR, sino a quienes han traicionado su Misión Constitucional por intereses bastardos.

Invito a quienes desde nuestra situación de retiro puedan sumarse a defender, aunque sea a través de estos medios, y dar nuestra palabra de aliento esperanzador a la PROFESIÓN MILITAR VENEZOLANA y en defensa de la vocación castrense logremos más pronto que tarde, restituir nuestra Institucionalidad. Así lo creo.

Gonzalo Merino Valery -GMV- [email protected] 21-04-2017