Heinz Dieterich
Edwin Medina – 16-3-2017

Vamos a tomar el artículo de Ignacio Ramonet titulado: “Disarming the markets” publicado en 1997 a raíz de la crisis financiera en los mercados asiáticos. El autor señala a la globalización financiera como la causa de la inseguridad universal. Disponible en http://www.attac-ontario.org/ramonet-dec97.pdf.

Para Blustein, Paul (2001) la corrupción se encuentra entre las causas del colapso financiero en aquel tiempo y en aquella región del planeta. La corrupción llevada adelante entre particulares cercanos a los círculos del poder político en esas naciones. Se llenaron los bolsillos con el flujo de capitales. ¿Les suena conocido?

¿Qué pasaba en nuestra región latinoamericana en aquel entonces?, y ¿específicamente en la Venezuela de 1997? Pues estábamos inmersos en una profunda crisis general. Pero alguien señalaba por doquier a la corrupción en el estado como la raíz de todos nuestros males. Si, era Hugo Chávez, “el gendarme necesario contra la corrupción y refundador de la patria bolivariana”, así se proyectó a sí mismo.

Hoy, 2017, Odebrecht devela los cimientos podridos debajo de los pisos políticos en los estados latinoamericanos. Algo más temprano, Panamá sonó. Pero nada sonará tan estruendoso como nuestra PDVSA. La dinastía zarista se resiste a morir, lucha como serpiente sin cabeza por mantener el poder para ocultar lo que todo el pueblo venezolano sabe: la raíz de nuestros males está en la corrupción de la PDVSA zarista.

¿De quién es la culpa? La moraleja del libro nos dice que al matar a la vaca toda la familia prosperó. Hoy PDVSA ha quedado casi muerta. ¿Será ésta la vaca?, ¿o será más bien la élite zarista? ¿Y cómo asegurarse que no surja otra élite corrupta?

La culpa no es del capitalismo o del socialismo. La culpa es de la corrupción en Venezuela y en cualquier nación. La corrupción nos provee de muertes, llantos de madres e infantes, y hambre generalizada. El pueblo entero debe tomar conciencia de esta terrible lección. “El ponme donde hay” y la viveza criolla tienen que morir para que haya prosperidad para toda la nación.

¿De qué ha valido este proyecto? ¿Construir viviendas con materiales de mala calidad? ¿Eso es todo? La educación, la salud, la alimentación y el salario están en las condiciones más precarias que antes de la llegada de la revolución. Lo cierto es que para una élite le ha valido de mucha fortuna, mientras la mayoría agoniza en las angustias cotidianas.

En el protocolo de los ideólogos, como Ramonet, no está el asunto de la corrupción. Pero si está en la teoría del socialismo del siglo XXI: el sujeto racional, ético, estético, Heinz Dieterich. Hay mercaderes cuyas mercancías son la muerte, llanto y hambre. Mientras que hay otros que no saben vender ni un peine. Me pregunto qué es más importante la vida de un proyecto o un proyecto de vida.

Es hora que el proyecto muera, y tengamos un proyecto de vida. La vida del proyecto se sustentó en la división conflictiva. El proyecto de vida se sustenta en el renacer de la sensibilidad por el vulnerado, por el humillado, por el desanimado, y por encima de todo, por el amor a Venezuela. Con esta fuerza espiritual vamos a hacer el milagro de resurgir con el poder de la gran nación que somos. La circunstancia juega a favor del proyecto de vida.

“Sólo el pueblo virtuoso se salva”

https://www.aporrea.org/internacionales/a242756.html